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IMPRESCINDIBLE GUÍA INÚTIL PARA SANITARIOS DESBORDADOS

GUÍA INÚTIL PARA GENTE DESBORDADA
Como acompañar el miedo estando cagado

 

Si hay un error imperdonable, es el de dar consejos idiotas a aquél que no los ha pedido. Aun así, se me ha ocurrido pensar en crear una imprescindible guía inútil para manejar el miedo cuando te sientes desbordado o desbordada por cualquier pandemia. En mi mente, hoy, están los profesionales de la salud, que se hallan al frente de la contención de una enfermedad que está mostrando un rostro despiadado. Si eres sanitaria, si eres sanitario, estás muy presente en mis pensamientos de estos días.

Tengo amigas, compañeros, conocidos, alumnas y gente querida que se siente atemorizada y desbordada emocionalmente lidiando con la coyuntura y es por eso que os dedico estas líneas.

Sorteando el naufragio, los profesionales de la salud están al filo del abatimiento y deben acompañar, educar y tratar a miles de personas que, cuando menos, se sienten terriblemente vulnerables.

No tengo ni idea de cómo resolver una crisis de este tipo, por supuesto, pero se me da bien acompañar los miedos de la gente. A veces, los terrores con los que me manejo en el día a día de mi profesión son raros e infundados y en otras ocasiones, como ésta, son miedos basados en lo razonable. Tal vez son los peores. Temores posibles que pueden atenazarnos y dejarnos fuera de juego. Como ciudadano de a pie, estoy aquí para hacer caso a lo que me digan los expertos con respecto a la epidemia, así que como mi especialidad es el abordaje del miedo, estaría bien que la persona que me lee me haga caso. Sólo en este supuesto, si el lector  fracasa en el empeño de manejar el ogro de la incertidumbre, seré el único culpable.
El objetivo de esta guía imposible es la de alentar al que me lee a ser consciente del propio coraje, definiéndolo como la capacidad de dar aliento a los demás estando propiamente cagado. Si a esta definición le añadimos el cansancio, la sensación de presión de una sociedad cargada de aplausos a las 20h y que exige que te comportes como un verdadero Superman o Superwoman sin poder manifestar flojera, podemos decir que nuestras sanitarias y sanitarios son realmente valerosos.

El coraje, no nos flipemos, es la capacidad de alentar a los demás estando cagado.

Antes de proponer sugerencias creativas, es importante conocer como cavamos el pozo de nuestro descontento. De esta manera podemos identificar nuestras estrategias ineficientes para lograr llegar a destino de la mejor manera posible.
Fui boxeador profesional muchos años, y sé de buena tinta que nadie sale de un ring sin recibir algún golpe, algún raspón o con el ego magullado, ése es un aprendizaje para la vida. Esquivar, ser prudente, hacer caso a la táctica y confiar en tu esquina (esa gente que vocifera para que sigas adelante y que te ponen bolsas de hielo en el pómulo) puede ser una buena manera de manejar el pleito y bajar del encuentro con dignidad e incluso con una sonada victoria.

Ya sé que la vida no es un combate, qué coño, pero cada uno tiene sus metáforas.

Sin más preámbulo voy a identificar los patrones necesarios para perpetuar el miedo cuando nos situamos frente a una situación incierta. Es decir, si queremos adecentar una estrategia y hacerla útil en el manejo del canguelo, lo primero que hay que revisar son las cosas que podrían NO estar funcionando, así que apresurémonos a ver de qué manera podríamos estar garantizando la cronificación del problema.

COMO ASEGURAR EL MIEDO AL COLAPSO PERSONAL

Algunos de los temores a los que vamos a hacer frente a lo largo de esta terrible situación serán, por supuesto, el miedo a contagiarnos, contagiar a otros y/o a nuestros allegados. Otros miedos subsiguientes, como mínimo serían, el miedo a no estar a la altura del envite, no poder manejar la presión y equivocarnos, o tal vez el terrible temor a derrumbarnos a lo largo del camino. Todos estos demonios, van a visitarnos porque además de sanitarios, somos humanos. Estar junto al paciente, sin ninguna certeza, y sabiendo que delante existe la posibilidad de contagiarse, hace que nuestros sistemas de alarma se disparen permitiendo que nuestra amígdala tome -paradójicamente- el control descontroladamente. Cuando ello sucede, se activa el estado de emergencia interno y nuestras estrategias de defensa se intensifican.
Como todo en la vida, el veneno está en la dosis y cuando el camino es largo y polvoriento, lleno de obstáculos y de retos enigmáticos, nuestra razón se hace a un lado y el canguelo nos invade.

Ser humano, al final, tiene que ver con sentir que las cosas hacen mella. El  final de nuestros temores, casi siempre radica en el miedo a morir, a que mueran los que queremos o al temor a perder la cordura.

El miedo obsesivo, las dudas y las ideas catastróficas, nos llevan a intentar hacer cosas para sostener el andamio de nuestra salud mental y emocional. Cosas que en muchas ocasiones resultan infructuosas. Los intentos fallidos de solución colaboran a perpetuar y empeorar si cabe el problema a condición de repetirlos esforzadamente a pesar de su inutilidad. Detectar cuando los esfuerzos realizados para calmar nuestro estado frente a los temores descritos podrían estar resultando infructuosos podría ser un camino hacia una economía del sufrimiento. Nuestras soluciones disfuncionales pertenecen a diferentes categorías lógicas. Las describo a continuación:

1. Forzar la mente: Nuestra inteligencia se resiste a forzar los procesos espontáneos, es decir, si nuestro torrente de pensamiento va hacia el abismo, resulta muy complicado forzarlo a ir en otra dirección, dando lugar a un esfuerzo baldío. Eso es especialmente cierto con los pensamientos negativos, de desesperanza y ansiedad anticipatoria. Por supuesto, cuando el miedo es moderado, podemos forzar un poco nuestro pensamiento, sin embargo, cuando el estrés hace mella, intentar NO pensar, razonar con nosotros mismos y los intentos de calmarnos, no suelen funcionar y nos llevan a aumentar la frustración. Intentar no pensar, cuando estás con miedo o intentar pensar en positivo son recursos que cuando no nos funcionan refuerzan nuestro malestar.

2. Forzar la certidumbre: Cuando el escenario es incierto, la capacidad de planificar y prever escenarios es un recurso brillante. Puede ocurrir, por el contrario, que cuando estamos estresadas o rendidos por la presión, intentemos gestionar nuestras dudas a través de estrategias que funcionan bien cuando no tenemos temor y que cuando hay mucho estrés empeoran el asunto. Planificar obsesivamente y pretender tener todo bajo control, buscar información de manera desmesurada, lejos de aportarnos paz y certidumbre, nos llevan a aumentar nuestras dudas. Cuanto más leemos, sabemos y cuanta más información hay que clarificar, más nos vemos atrapados en la tela de araña del miedo. No estoy diciendo que tratar de resolver dudas sea malo, pero cuando nos hemos convertido en un ovillo de dudas, probablemente, más datos no nos ayuden a aclarar nuestra mente.

3. El maldito R.M.T. (Radio Macuto Tóxico): La comunicación es aquello que nos hace tan humanos, y cuando las personas estamos mal, normalmente tendemos a pedir ayuda, hablando, contando nuestros pesares o compartiéndolos. Los chats de whattsapp, las redes sociales, o los tiempos de charla informal, pasillos, máquinas de café, teléfono, etc., son la manera en la que intentamos liberarnos de la pesadumbre. Cabe preguntarse hasta qué punto esa es una estrategia ganadora. Cuando el descentramiento hace mella, convertir nuestro miedo y malestar en tema central no hace más que empeorar la situación. Es como tratar de apagar el incendio echando gasolina.

4. Distraer el mal rollo: Caer en la tentación de premiarse con demasiadas cervezas tras un día duro o consumir dosis homeopáticas, o en garrafa, de euforizantes para enfrentar la vida, no resulta una gran idea. Menos aún cuando lo que toca es estar lo menos espeso posible en el día a día.

5. Esperar que la gente no sea “monguer”: En otro lugar ya hablé del ataque de los monguers, definiendo a éstos como las personas que no cambian a pesar de nuestros amables intentos de explicarles lo gilipollas que son. Esta definición sirve para algunos pacientes, compañeros, parejas, gobernantes, jefes. El monguer está presente en todos los estratos de la vida. Estar esperando que la gente colabore de la manera que deseamos de un modo espontáneo es cuando menos, naïve. La gente, en general, es como un político, no esperes que le salga nada de ella si no es forzándola.

Estas cinco lógicas de afrontamiento de las situaciones estresantes, forman parte de la espectacular dosis de bilis que somos capaces de generar. Y como seres humanos, son estrategias que usamos para resolver problemas. Cuando vienen mal dadas, parece que los astros se confabulan para que los excrementos de la vida nos salpiquen como en un riego por aspersión. Cuando ello sucede, no podemos simplemente desear que la mierda se convierta en flores perfumadas, lo perentorio cuando las heces nos caen encima es enfundarse un chubasquero, mascarilla, guantes, un buen calzado y gafas protectoras, así podremos encarar lo que nos viene encima.

 

CREAR UN CHUBASQUERO EMOCIONAL EN 5 TIPS

1. No fuerces tu mente. El cerebro reacciona bien a la planificación del trabajo. Cuando los pensamientos negativos y catastróficos te abruman, lo mejo es convocarlos a una determinada hora del día durante 15 min. Plantea los peores escenarios en tu mente e intenta esforzarte en el agobio. El resto del día, invita a tus pensamientos a venir a la hora prefijada. Si estás mal, estás mal. Esforzarse en sentir otra cosa no suele ser un buen negocio.

2. No pretender estar siempre seguro: En la línea de lo anterior cabe decir que buscar certezas cuando no las hay puede llevarnos a la desesperación, confinar la búsqueda de información a dos veces al día a horas prefijadas, puede ser buena cosa. Estar conectadas o conectados a un binge de información no es la mejor manera de permitir que nuestro sistema neurológico pueda tamizar la información.

3. Apagar la comunicación informal: Estar hablando de las dificultades todo el tiempo es un excelente alimentador del estrés. Desconectar la alimentación pasa por cancelar las conversaciones en chats o audiollamadas en las que tus miedos son el tema central, para dedicar las conversaciones a temas de otro calado, lúdicos, familiares o de películas de televisión. Una estrategia ganadora es circunscribir la información sobre nuestros miedos a reuniones concretas para ello con la obligación de intentar aportar soluciones, fuera de esos tiempo marcados, deberíamos estar “castigados” a hablar de cosas diferentes.

4. Distraer el mal rollo: Permanecer sano pasará seguramente por mantener una cierta rutina saludable. Sentir el malestar es soportable si uno sabe que se enfrenta a una situación de manera realista. No puedes distraer tu malestar, el malestar es resultado de la coyuntura, se trata de hacer lo que se pueda ACOMPAÑADO del malestar. Pretender luchar con el mal rollo, se suma al cansancio del propio mal rollo.

5. Manejar “monguers*”: El monguer existe desde que el mundo es mundo. No pretendas que a la gente se le ocurra todo aquello que piensas tú y es tan brillante. Al monguer no le sale hacer aquello que tú esperas. La mejor estrategia en este caso, es pedir directamente aquello que estás necesitando. De manera educada, pero con cierta determinación. “Quiero esto” o “Necesitamos aquello” es mucho mejor que esperar que al otro se le ocurra acertar.

*Puedes leer el ataque de los monguers y otros textos en victoramat.es

Sé feliz!: Qué paradoja

No hace mucho, viajando en transporte público pude observar a una madre que hablaba con su hija, en un determinado momento la señora arengó a la muchacha e intentando animarla le dijo imperativamente: «Sé feliz!». Al escuchar esta demanda de la dama tomé conciencia de la maldición que se cernía sobre la adolescente.

Parece que estamos en la época de la necesidad de que todos sean felices, la sociedad, los gobiernos, las grandes corporaciones, destilan este mensaje de manera que nuestra vida está sumergida en la aparente necesidad de ser feliz.

Las personas acudimos a centros de psicoterapia, medicina, gimnasios, etc, con la expectativa de ser felices, nos involucramos en relaciones con mayor o menor compromiso intentando descubrir dónde se halla el gozo total. Los cursos de meditación, en cualquiera de sus formatos, el yoga, los retiros, la espiritualidad, cualquier camino parece bueno para conseguir la quimera de la felicidad. La cuestión es que si estas cosas funcionaran bien, probablemente la gente en general estaría más feliz y no necesitaría consumir todas esas cosas.

La manera en la que es casi seguro que vamos a estar mal es autoimponiéndonos la felicidad o imponiendo la felicidad a otros.

Habrá que explicarlo más detalladamente. Cuando la mamá de nuestro relato introductorio le ordena a su hija que sea feliz en un momento en el que no  lo es, la pobre muchacha tiene que obligarse a ser feliz a la fuerza. Es decir, su problema va a aumentar, puesto que sobre la base de que le pasa algo y no está bien, cabe añadirle el nuevo problema de no poder ser feliz cuando se le pide. A la dificultad cotidiana, sea la que sea se le suma la incapacidad de ser feliz cuando estás mal. Esa es la gran paradoja. Al pedir a alguien la felicidad se la niegas por definición.

¿No es absurdo? Si una está mal por cualquier avatar de la vida, no puede ser feliz en ese momento. Obligamos a ser felices en un momento IMPOSIBLE como en el que estamos mal nos proporciona un resultado funesto.

Ser feliz es un acontecimiento espontáneo. Algo sucede, o tal vez nada concreto sucede y te sientes feliz. En muchas ocasiones, basta reflexionar sobre el asunto para perder ese estado maravilloso. basta pensar algo como: «Cielos, qué feliz me siento!» y automáticamente dejo de sentirme así, es como si te sales de esa experiencia para ir a cualquier otro lado, normalmente comparas con otras veces en las que fuiste feliz, o simplemente aparece un miedo a perder lo que tienes o a dejar de estar bien. La felicidad es tan fugaz como el paisaje que observamos desde la ventana de un tren. Tenemos un espíritu sutil y una experiencia emocional esquiva por eso las emociones fluyen a través de nosotros. El detalle de la espontaneidad es importante puesto que, como decíamos antes, algo que debería ser espontáneo no puede ser realizado a voluntad. Cuanta más voluntad le pongas, más lejos estarás de lo que deseas sentir. Pongamos algunos ejemplos: intentar que te caiga bien alguien que te cae mal, querer a alguien que no  quieres, desear a una persona no deseable, pretender que te guste un sabor que detestas, existen un montón de experiencias para ilustrar lo que quiero decir.

¿Qué hacer, entonces? Bueno, las cosas duran lo que duran a condición de que no las compliquemos nosotros. Lo malo y lo bueno acaba pasando, no hay mal que cien años dure y no hay felicidad que persista eternamente, de modo que os sugerimos tres pequeños tips para no caer en siniestras paradojas:

  1. Aprende a dejar que las emociones pasen. recuerda que nada dura eternamente. Si estamos mal, lo mejor es partir de esa base y no esforzarse en sentir otra cosa
  2. Actívate aún estando mal, no dejes que estar mal sea una excusa. Advierte a los demás que no estás fino y no hables demasiado del tema porque la gente te pedirá que sientas cosas que no puedes sentir en ese momento. Y cuando eso pasa, te sientes super raro e inútil.
  3. La felicidad dura lo que dura, si te descubres estando feliz, relájate…desafortunadamente pasará.

Damn self-steem!

Damn self-esteem:
By Victor Amat
Translated by Sara Riesner

It is not uncommon for people to approach my office commenting on their lack of self-esteem and how that problem affects their life. Since the 70s self-esteem has been a good excuse to not take responsibility for oneself. In the years following the hippie culture, and in an American society distraught by the defeat of the Vietnam War, the American psychotherapist Virginia Satir, coined in the word “Self-esteem” in one of her workshops. She did this with the objective of helping one learn how to better communicate with oneself. Satir was hoping that we would be more lenient and loving with ourselves. This was not a bad suggestion in those days. As a result this idea took root in a world where the fertile human mind is quick to create labyrinths in which to lose ones sanity, and it grew so much that it lost its essence.
Time has passed, relentlessly, and self-esteem has been distorted from the original concept. It is remarkable what has happened with self-esteem. People are very aware of it but not quite sure what it is. It would seem that having a good self-esteem enables one to face life successfully. It does wonders for the way we view ourselves and how we are viewed.

Having a good self-esteem should feel like a fantastic trip into the stratosphere of happiness, and yet it almost never does.

Typically a very different discourse takes place. As people we usually have something that burdens us. When we show our pain, it is usual to feel inadequate and we are prone to label ourselves with those magical concepts that we breathe from the air as if they really existed.

To self-diagnose with «low self esteem» or worse, to get that diagnosis from good friend can be the start of a distorted search for insight.

“Improving self-esteem” seems like the logical cure for someone suffering from a meager amount of self-love and for this reason we go to such lengths to do things that translate into “loving ourselves”. To feel or think that one lacks self-love, to be one’s worst enemy or to have bad thoughts about oneself may have little to do with a damaged self-esteem. That would be having a very linear vision of life, and while life is many things it is not linear. Normally people get into loops such as, «when A happens, B follows.” Or, “when B happens it’s because of A”. Or what are essentially the same things, the more “A” one get, the more “B” and the other way around. This makes us believe that the best way to feel better is to reverse the loop. That’s why it is important to learn to think differently about things. As a great man once said:

«Insanity is doing the same thing over and over again and expecting different results.”

Let’s see what can be done. Let’s say a person with a normal life has a specific issue. If after confronting it, the problem is not solved, there is a great probability that self-worth will be affected, right? That’s it. We have a hypothesis:

«Anyone facing a difficulty unsuccessfully has a tendency to view themselves as being inadequate or inefficient. This diminishes self-esteem. (A more appropriate name might be «self-appreciation»).

Thus, self-esteem would seem less like the cause of problems and more as an effect thereof. If we think about it, complaining about a bad life or a terrible situation can be taken as a measure of self-esteem given that if we had no worth, we would not complain. If that were the case we would agree with our misfortune, feeling that it’s a reflection of our unworthiness. Isn’t i t interesting?

To flaunt one’s misfortune is often a matter of pride. It’s like saying, “Can you see how I suffer? (No one has suffered more or better than me).”

There are times where it seems like the person is on display. On these occasions, the argument for low self-esteem is false because deep down inside, the person feels a certain sense of pride in showing off their misery. Low self-esteem should lead to something else, perhaps resignation.

What do we usually hide behind “low self-esteem?” This is an easy answer: fear. To efficiently face fear can help us cope with the continuous process that is to improve one’s life. We have explained how to handle fear in another article http://www.cetebreu.es/afrontar-el-miedo/en. Here are three proposals to address it:
1. Recognize that you have fear. This automatically makes you stronger.
2. Avoid avoiding.
3. Do things with fear without trying to be brave.
4. Don’t let self-esteem be the pitfall that trips you. It’s a concept invented by someone that’s only interesting if it’s useful. Nonetheless, it is a good excuse.

Maldita autoestima

Maldita autoestima

No es raro que la gente se acerque a mi consulta comentando acerca de su falta de autoestima y de cómo ese problema afecta a su vida. Desde los años 70 del pasado siglo la autoestima ha resultado una buena coartada para no hacerse cargo de uno mismo. Durante esos años posteriores a la cultura hippy y en una sociedad americana marcada por la derrota en la guerra del Vietnam, la psicoterapeuta estadounidense Virginia Satir acuñó en sus talleres y sesiones la palabra “Autoestima” con el objetivo de que aprendiéramos a comunicarnos mejor con nosotros mismos. Quería que las personas pudiéramos ser más indulgentes y amorosas con nosotros mismos. No era una mala propuesta en aquella época, de modo que esa idea, sembrada en un mundo donde la mente humana es fértil creando laberintos donde perder la cordura, creció hasta perder su propia esencia.

El tiempo ha pasado, inexorable, y la autoestima ha desvirtuado el concepto original.
Es curioso lo que ha ocurrido con la autoestima, la gente la tenemos muy presente pero no sabemos muy bien de lo que se trata. Parece que tener una buena autoestima sirve para enfrentar la vida con éxito, siendo maravillosos a los propios ojos y a los de los demás. Tener buena autoestima debería propulsarnos en globo a la estratosfera de la felicidad y sin embargo, casi nunca sucede eso. Lo habitual, es escuchar otro tipo de discurso. Las personas solemos contar aquello que nos atribula, y cuando mostramos nuestro dolor, nos sentimos inadecuados y tendemos a etiquetarnos con esos conceptos mágicos que respiramos en el aire como si realmente existieran.

Autodiagnosticarse “baja autoestima” o, peor aún, recibir ese diagnóstico de una buena amiga o amigo, puede ser motivo de iniciar una búsqueda dislocada hacia el interior de uno mismo.

“Subir la autoestima”, pues, parece el recurso lógico de alguien que padece de un raquítico autoamor y es por eso que las personas nos esforzamos en hacer cosas para “querernos”.
Sentir o pensar que uno no se quiere, se sabotea o piensa mal de sí mismo podría no tener que ver con un defecto en la autoestima, eso es tener una visión lineal de la vida y la vida será lo que sea, pero es poco lineal. Normalmente las personas nos metemos en bucles circulares, algo como “Cuando me pasa A, es por B y cuando me pasa B, es porque me pasa A”. O lo que es lo mismo, cuánto más A, más B y cuanto más B, más A. Eso nos lleva a la idea de que para sentirnos mejor deberíamos buscar la manera de revertir el bucle. Para ello hemos de aprender a pensar diferente sobre las cosas, ya lo decía Goethe:

“La locura es hacer siempre lo mismo y esperar un resultado diferente”.
Veamos qué podemos hacer. Una persona con una vida normal puede tener una determinada dificultad, si cuando se enfrenta a ella, no la soluciona, es probable que se resienta su propia concepción de sí misma ¿no? Pues ya lo tenemos. Nuestra hipótesis es que:

«Cualquier persona que enfrenta una dificultad sin éxito tenderá a verse como poco adecuado o poco eficiente con lo que su autoestima (Cabría llamarla más adecuadamente “autoapreciación”) se ve disminuida

De este modo, la autoestima podría verse más que como una causa de los problemas como un efecto de los mismos. Si pensamos detenidamente, el hecho de quejarse acerca de una mala vida, o de una tremenda situación, podría ser visto como un indicador de autoestima puesto que si no valiéramos nada, no nos quejaríamos puesto que estaríamos de acuerdo con que nuestro infortunio tiene que ver con nuestra falta de merecimiento. ¿No es curioso? Lucir las propias desgracias muchas veces tiene que ver con tener cierta soberbia, del tipo, “¿Ves qué mal lo paso? (No hay nadie que sufra más ni mejor que yo)”. Hay un punto dónde la persona podría parecer que se exhibe. En estas ocasiones, el discurso de la baja autoestima es falaz, puesto que en el fondo la persona siente un cierto orgullo en mostrar su desdicha. La baja autoestima debería llevar a otro lugar, tal vez a la resignación.
¿Qué solemos ocultar detrás de la “Baja autoestima”? Pues es sencillo de responder: El miedo. Afrontar el miedo eficientemente puede ayudarnos a sobrellevar ese proceso de mejora continua que es la vida. Hemos explicado cómo manejar el miedo http://www.cetebreu.es/afrontar-el-miedo/en otro artículo. Aunque ahí van tres propuestas para afrontarlo:
1. Reconoce que tienes miedo. Eso te hace automáticamente más fuerte
2. Evita evitar
3. Haz las cosas con miedo sin intentar ser “valiente”
No dejes que la maldita autoestima sea tu escollo donde naufragar, es un concepto inventado por alguien que sólo resulta interesante si es útil. Es una buena excusa, no obstante.

Master y Postgrado en Terapia Breve y Estratégica (IESP-CETEBREU-Universitat de Girona)

Nos da mucho placer presentar nuestra primera Edición del Master en Terapia Breve tras más de 20 ediciones de nuestro Postgrado. Hemos diseñado una formación muy completa, con  la mirada puesta en el desarrollo del Terapeuta. Comunicación, relación y estrategia serán diseccionados y puestos en práctica en nuestro master. Es una oportunidad única en el panorama formativo para adquirir la estructura operativa de un/una terapeuta breve. Un poco más abajo y en otro color tenéis un link que os llevará directamente a la información!

 

Aquí tenéis toda la información sobre el Master en Terapia Breve y Estratégica que realizamos conjuntamente con IESP y la Universitat de Girona.

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